NUEVOS BACHILLERES DE LA REPUBLICA
La tarde se vistió de gala en el Salón de la Ciudad, con la Unidad Educativa Darío Guevara Mayorga de Quito, donde el aire vibraba con la emoción y la nostalgia de un ciclo que culmina y otro que comienza. Los pasillos, mudos testigos de años de risas, aprendizajes y sueños, abrieron sus brazos para despedir a la promoción de terceros de bachillerato, ahora flamantes bachilleres.
Ataviados
con sus togas y birretes, los jóvenes desfilaron con la
solemnidad de un rito de paso. Cada rostro reflejaba la alegría del deber
cumplido y la incertidumbre ante el futuro que los espera. Sus padres, con ojos
vidriosos y sonrisas orgullosas, observaban desde las gradas, reviviendo en
cada paso de sus hijos los primeros días de escuela, las noches de estudio y
los sacrificios compartidos. Era el cierre de una etapa para toda la familia.
La rectora Flor Sánchez, con la sabiduría de quien guía,
elevó su voz para tejer un discurso cargado de felicitaciones y reflexiones.
Sus palabras, cual brisa suave, recordaban la importancia de los valores
sembrados en el aula y la responsabilidad que ahora asumen como ciudadanos. Un
llamado a la perseverancia y la pasión por seguir aprendiendo, pilares
fundamentales en el camino que ahora inician.
El momento
cumbre llegó con la intervención de la abanderada, cuya
voz, aunque cargada de emoción, resonó con la fuerza de un himno. Sus palabras,
un compendio de gratitud y compromiso, recordaron los lazos de amistad
forjados, los conocimientos adquiridos y la huella imborrable que la
institución dejó en sus corazones. Un adiós que era también un agradecimiento
profundo a maestros y compañeros.
Melodías
que Abrazan el Alma
En un
intermedio que acarició el alma, la Casa de la Banda del Municipio
de Quito se hizo presente con un ensamble de charangos.
Las cuerdas vibraron al compás de melodías andinas, llenando el auditorio de
una atmósfera mágica. Fue un momento de pausa y contemplación, donde la música
se convirtió en el puente entre el pasado que se despide y el futuro que se
abraza. Notas que danzaban en el aire, celebrando la identidad y la cultura.
El broche
de oro de la ceremonia lo puso la distinción con diplomas.
Los alumnos exonerados, aquellos que con su brillantez
académica alcanzaron la meta antes de tiempo, fueron reconocidos por su
esfuerzo y dedicación. Y junto a ellos, se destacó Jhon Minta un estudiante solidario con sus compañeros y para la posteridad los que iniciaron su sendero educativo, doce años, desde la básica en el plantel, recibieron un aplauso especial,
un testimonio de una trayectoria ininterrumpida, de años de fidelidad a la
institución que los vio crecer.
Así, entre
aplausos y lágrimas de alegría, la Unidad Educativa Darío Guevara
Mayorga despidió a una nueva generación de bachilleres. Jóvenes
listos para volar, llevando consigo no solo un diploma, sino un bagaje de
conocimientos, valores y experiencias que los acompañarán en cada nuevo
amanecer. El telón de un capítulo se cierra, pero la obra de sus vidas apenas
comienza.



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